Recolección
Se sale al campo con los Hampicamayoc, que saben dónde crece cada especie y en qué momento del año recogerla sin dañar la planta madre.
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Colección científicaCuatro décadas recolectando, secando y clasificando las plantas que curan en el sur andino. Es una de las colecciones más importantes del país en su especialidad.
El herbario del CMA reúne ejemplares recolectados en los distintos pisos ecológicos del sur andino: la selva alta, la sierra y el altiplano. Cada muestra está montada, prensada y etiquetada con su familia botánica, su nombre científico y —esto es lo que lo hace distinto— el nombre con que la conocen en su comunidad.
Ese doble registro es el corazón del trabajo: sin el nombre local, la planta queda desconectada del saber que la acompaña; sin el nombre científico, ese saber no puede dialogar con nadie fuera de la comunidad.
Un herbario no se compra: se hace a mano, planta por planta. Este es el camino que recorre cada ejemplar, y es el mismo que hoy enseñamos a las comunidades para que armen los suyos.
Se sale al campo con los Hampicamayoc, que saben dónde crece cada especie y en qué momento del año recogerla sin dañar la planta madre.
Se elige el ejemplar más completo —con hoja, flor y raíz si es posible— y se seca lentamente para que conserve su forma y su color.
La planta se fija sobre la lámina y se le adjunta la ficha: dónde se recogió, quién la identificó y para qué se usa en esa comunidad.
Se ordena por familia botánica y se registra con su nombre científico junto al nombre local, que suele cambiar de un valle a otro.
La identificación botánica de las especies recolectadas en Cusco, Puno y Apurímac no se hizo sola. Contó con la colaboración de instituciones científicas del Perú, Estados Unidos y los Países Bajos, que ayudaron a determinar las especies y a validar su clasificación.
Ese respaldo es lo que permite que el conocimiento de los Hampicamayoc pueda citarse, contrastarse y usarse en investigación, en lugar de quedar como un dato suelto sin verificación posible.
Una colección de cuatro décadas no se conserva sola. En la sede del CMA, en Wanchaq, las láminas se revisan una por una: se comprueba su estado, se ordenan en los archivadores y se fotografían para dejar un registro que no dependa únicamente del papel. Es un trabajo lento, de mesa y de lupa, que asegura que lo recolectado en cuarenta años siga siendo consultable dentro de otros cuarenta.







Registro y revisión de la colección en la sede del CMA, Cusco.
La colección institucional ya no está sola. Durante 2026, cuatro localidades están armando sus propios herbarios: no una copia del nuestro, sino el registro de las plantas de su territorio, hecho por su propia gente y en sus propios términos.






Herbarios comunitarios en Urcos, Pomacanchi, Tungasuca y Pitumarca, y trabajo de herbario en Coporaque.
Cuando el herbario vive en la comunidad, el conocimiento deja de depender de que alguien venga a registrarlo. Los jóvenes pueden consultarlo, los Hampicamayoc pueden corregirlo y ampliarlo, y la comunidad tiene en sus manos la prueba de que ese saber existe y es suyo.
Cada herbario comunitario se arma con la misma metodología que usamos desde los años ochenta, de modo que las fichas sean comparables. Así, lo que se registra en Pitumarca puede contrastarse con lo que se registró en Puno hace treinta años.
El herbario se conserva en la sede del CMA en el distrito de Wanchaq, Cusco, junto a la biblioteca especializada. Está a disposición de estudiantes, investigadores, docentes y de las propias comunidades.
Ayúdanos a conservar la colección Mantener y ampliar el herbario cuesta trabajo, materiales y tiempo de campo.
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